RESTAURANTE LA BUENA VIDA

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La Buena Vida, con el nombre ya decimos todo sobre este restaurante madrileño donde sus dueños, el joven matrimonio formado por Elisa Rodríguez y Carlos Torres, quienes se esfuerzan para que en este pequeño rincón la materia prima, la corrección y la delicadeza hagan honor a su plan en común.

Ambos son economistas de profesión,  decidieron dejar sus antiguas vidas para lanzarse sin ningún tipo de experiencia y montar La Buena Vida, un proyecto creado con mucha ilusión y donde el toque profesional de Elisa y Carlos le añaden al local un ambiente agradable y con mucho encanto.Nos reunimos en el restaurante, donde este tímido matrimonio nos explicaba sus inicios hace 11 años que no fueron fáciles, pero que poco a poco han ido calando en el gusto del público manteniendo hoy día una clientela muy fija gracias a sus precios y a la calidad que ofrecen.

El encargado de los deliciosos platos de la cocina de La Buena Vida es Carlos, éste apuesta por productos de primera calidad y los elabora sin que pierdan su esencia. Mientras que en la sala, Elisa se encarga de ofrecer vinos con referencias muy interesantes como bebidas procedentes de Francia, Italia, Nueva Zelanda y América.

Otro punto interesante es que durante nuestra entrevista pudimos ver la grata atención que le brindan los dueños de La Buena Vida a sus clientes ya que hasta se levantan a despedir personalmente a los comensales, lo que deja buena impresión e invita a volver a comer cada vez que se pueda.

Del local podemos decir que es elegante y sobrio y guarda muchos detalles originales de los años 40 cuando se llamaba Casa Colino.  De éste no queda nada, se tiró entero, pero se ha recuperado la fachada original se conserva y juega con elementos agradables a la vista como la madera, el cristal y el acero, además se ha conservado los techos altos, las vigas y las columnas de la finca que es de finales del siglo XIX.

En definitiva, La Buena Vida es un restaurante muy especial, donde te sentirás a gusto cenando tranquilo y donde disfrutarás de esas pequeñas cosas que te harán recordar momentos felices de una buena vida.

Como explica Carlos, la cocina del restaurante se basa en la comida de mercado donde los reyes de los fogones son el guisante lágrima, la trufa, las trompetas, el boletus, el pescado y los productos de temporada.

Además de cocinar, Carlos añade que “la restauración me gusta, me lo paso bien todos los días” Más que clientes, se convierten en amigos. Más que un negocio, es una forma de vida. Es divertido, conoces gente”. Después de esto que os contamos no podéis dejar de reservar y recordamos que el local está cerrado los domingos y los lunes. Si ya os habéis pasado por este lugar esperamos vuestros comentarios. 

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