Hacer un simpa, ¿un delito serio o una broma de mal gusto?

simpa

Hacer un simpa (abreviación de “sin pagar”) consiste básicamente en abandonar un café o restaurante después de haber comido y marcharse de manera más o menos disimulada sin pagar la cuenta. En nuestro país, esta acción suscita fascinación e indignación a partes iguales, ya que mientras para el comensal supone ahorrarse una cantidad de dinero y echarse más de una carcajada, para el hostelero supone pérdidas y sobre todo, humillación.

Los simpas más originales se han convertido en fenómenos virales que han dado la vuelta al mundo, ya que una parte de la opinión pública premia estos comportamientos. Cualquiera que tenga contacto con algún negocio de la hostelería sabe de la impotencia y la rabia que crean estos comportamientos. El daño económico además es muy elevado, ya que además de los gastos fijos, se sufren los gastos variables de todo lo que se sirve al cliente. Aunque por fortuna no es una práctica muy común, la mitad de los empresarios reconocen que les han hecho un simpa al menos una vez en el último año. Las consecuencias legales de esta acción pueden suponer multas económicas o cárcel, si la cantidad que se ha dejado sin pagar es muy elevada y existe premeditación y reiteración en esta acción. ¿Hay alguna diferencia entre robar y esta práctica?

Casos virales

En nuestro país, una familia celebraba una boda en Ponferrada cuando tras terminar el banquete, decidieron salir a la carrera dejando una cuenta de 10.000€ sin pagar. Del mismo modo, esta familia celebró un bautizo en el restaurante El Carmen de León, cuando entre risas, bailes y ajetreo, decidieron salir del lugar haciendo la conga. Y de nuevo sin pagar. La factura de la comida ascendía entonces a 2.000€ y aunque la Policía llegó a detener a uno de los familiares implicados, la cifra aún no ha sido cobrada por el restaurante.

Sin embargo, esta actividad también es común entre personalidades famosas, por lo que entendemos que no es una cuestión económica.  Como el caso del pequeño Nicolás, que se largó de Ramses, un elegante restaurante del centro de Madrid, sin pagar la cena que compartió con un grupo de amigos.

Otro caso conocido fue el de un ciudadano suizo que tras haber comido en el restaurante El Bulli de Ferrán Adriá, decidió salir del lugar para “ir a buscar unas tarjetas de visita”. Nunca volvió al restaurante.

Casos anónimos

Tristemente, la picaresca predomina en nuestro país, y aunque lo más común consiste en largarse corriendo, algunos buscan fórmulas más originales.

El foro “Cosas de camareros” comparte las historias y anécdotas más curiosas sobre este tema, como la de dos pensionistas que después de haber comido en un bar decidieron salir rápidamente del local sin pagar. El caso es que uno de ellos iba en silla de ruedas, y el camarero al darse cuenta de lo que estaban haciendo, no pudo más que resignarse ante tal escena.

Pero también hay historias con final feliz para los hosteleros, como el hombre que se fue sin pagar del Bar La Estación de Candeleda en Ávila porque iba a perder el autobús, y días más tarde envió por carta 20 euros para pagar la cuenta.

¿Cuáles creéis que son las razones de las personas que llevan a cabo este tipo de prácticas?

Cada plato es un mundo, y a mí me apasiona viajar. Los que me conocen dicen que hago demasiadas preguntas, por eso estudié Periodismo y escribo sobre gastronomía, para escuchar al paladar. La cerveza clara y el chocolate espeso.

4 Comments

  • Responder mayo 17, 2017

    Arturo

    Simplemente ser un auténtico miserable es la razón.
    Ir a comer a un restaurante es una actividad totalmente prescindible y cuando alguien va y encima tiene la cara dura de irse sin pagar es un robo y una actitud deplorable

  • Responder mayo 16, 2017

    Javier

    Estuve con los miembros de mi tripulación de línea aérea en un restaurante en el extranjero con un servicio pésimo. Pedimos la cuenta repetidas veces y no había manera de que nos cobrasen. Como ya empezaba a pasarse nuestra hora límite (teníamos que estar en la recogida para el vuelo de vuelta a España) decidimos hacer el ademán de irnos. Cuando salíamos por la puerta vino el camarero muy indignado porque nos íbamos sin pagar. De nada sirvió nuestra protesta. Pagamos y nos fuimos con mucho enfado por ambas partes.
    A quién no le ha pasado algo parecido alguna vez. Si por su mal servicio, en un restaurante, no consigues que te cobren, creo que estás en tu derecho de irte, de otra forma es como estar secuestrado.
    Por supuesto no apruebo los SIMPAS pero más de un caso puede deberse a esto.

  • Responder mayo 14, 2017

    JOSE MARIA RECIO DEL CAMPO

    Pues parece sencillo:
    a.- Si los “simpaticos” chicos del “simpa” son empresarios, bastaría con hacerles lo mismo, a ver lo gracioso que les resulta.
    b.- Y si son empleados por cuenta ajena, hagamosló a su empleador, y, cuando no pueda pagarles, eso también será “graciosísimo”.
    Y todos bailando la Conga..
    ¿Que vamos a comentar de tarados despreciables?

  • Responder mayo 14, 2017

    Santos

    En un País en el que el héroe nacional es el Lazarillo de Tormes no es raro que se les rían la “gracias” a esos delincuentes de baratillo. Si hasta a la apología del terrorismo le llaman “humor negro y libertad de expresión”..!!

Leave a Reply